Alquimia Hermética, Alquimia Espiritual, o La Operación del Sol

Alquimia Hermética, Alquimia Espiritual, o La Operación del Sol es una técnica espiritual usada para refinarse. La alquimia Hermética se originó en Egipto Antiguo, como un arte hermético, y durante la Edad Media dominó las otras ramas de ciencias Astrología y Teúrgia.

Este arte y la Astrología son conocidos como las dos ciencias más antiguas del mundo. Existe una leyenda que afirma que un ángel le había introducido a Adán estos dos artes y que la humanidad podría volver a entrar en el Edén una vez dominados. Ganó mucho apoyo de los que requerían lógica, razón, y filosofía una vez que la religión en Europa perdió su credibilidad filosófica y llegó a ser una creencia de fe ciega.

La alquimia forma parte de los siete poderes que Dios hizo descender sobre la tierra y cada uno de ellos está relacionado con un metal sobre el cuerpo humano, que vibra con fuerza hacia la divinidad absoluta. Los seres humanos tenemos que pasar por un proceso de aprendizaje, es decir, tenemos que conocernos primero a nosotros mismo, para luego encontrar esos poderes metalizados que se encuentran bajo los planetas del sistema solar y transformar lo inferior en superior.

La Alquimia en sí “es la transmutación de los metales que se encuentran localizados en el cuerpo humano, como centro de poder individual a lo largo de la columna vertebral, pero que al funcionarlos con el sistema brillan como una sola estrella que eleva el alma hacia lo más alto de la divinidad.

El Verdadero Alquimista no sólo transmuta sus Energías Creadoras, sino también todas las situaciones que le ofrece la vida, ya sean estas agradables o desagradables.

“Así es Trinidad en Unidad y Unidad en Trinidad, porque ahí donde son Espíritu, Alma y Cuerpo, ahí también son Azufre, Mercurio y Sal”

(Bernardo El Trevisano)

Integradas en la trilogía tradicional expresada en el triple pórtico de nuestras grandes metrópolis góticas en enigmáticos bajo-relieves, la Alquimia y sus hermanas, la Astrología y la Mística, son conocimientos tradicionales y no ciencias susceptibles de decantación, evolución y progreso.

Como tales constituyen entonces, completa, total, absoluta, esta suma que nombramos las Doctrinas de Hermes. Inmutables en sus principios (si no lo son siempre en sus aplicaciones).

Es entonces con sabiduría que aquellos que, espiritual y ocultamente guiaron la mano de los constructores medievales, los han asociado, misteriosos guardianes del “Umbral”, al simbolismo esotérico de la triple entrada en las catedrales.

La Alquimia Espiritual es la ciencia sagrada que trata sobre la propia reorganización interna. Sobre poder sutilizar lo denso, la materia y fijar en nosotros lo sutil, el espíritu. Para esto debemos profundizar en el conocimiento de nosotros mismos y de lo que llevamos en nosotros.



Dice Hermes Trismegisto:

"Divide tu piedra en cuatro elementos y reúnelos en uno, y tendrás la totalidad del Magisterio".

En Alquimia hay muchos sentidos para la palabra piedra. En general es todo lo que es fijo y no se evapora con el fuego.

La Piedra Filosofal es el objetivo, es lo que debemos encontrar, es el producto en uno mismo, es lo capaz de transformar todo lo grosero en oro puro, de curar todas las enfermedades y de transmutar todo lo creado.

La piedra de los Filósofos es la materia prima, es el yo impersonal.

Los cuatro elementos son distintas modalidades del movimiento inmanente a toda sustancia tanto inorgánica como orgánica y psíquica. Son los cuatro instintos o temperamentos primordiales del cosmos y que están en todo, absolutamente todo lo creado. Estos instintos son: Fuego, el Impulso (bilioso), Aire, el Movimiento (nervioso), Agua, Formación (sanguíneo) y Tierra, la Forma. (Linfático).

  • El Fuego denota voluntad y vitalidad, es iniciador, propulsor y purificador.
  • El Aire es la actividad mental, es el mundo de las ideas y de la comunicación.
  • El agua es la intuición, la emoción, es la Gracia, la Virtud. Simboliza la regeneración corporal y espiritual.
  • La Tierra es el mundo de la actividad racional, es decir la razón y el sentido común puestos en práctica.

Es decir separemos, para luego unir. En la unidad se da el encuentro de lo que en alquimia se llama: quintaesencia y los hindúes llaman Éter.
La totalidad del magisterio o "ciencia de la obra" consiste en transformar los cuatro elementos que poseemos y esto se realiza por los tres regímenes de la alquimia:

1º Régimen: transforma la Tierra en agua. Comienza en el Principio o Génesis:

"la Tierra era algo informe y vacío. Las tinieblas cubrían el abismo”.

Es el caos, el desorden de las ideas y de los actos (pensamos una cosa y hacemos otra, creemos hacer el bien y hacemos el mal). Mojamos nuestra Tierra y la transformamos en barro, en este punto tenemos dos opciones o nos quedamos en el barro, empantanados por nuestras pasiones, o empleamos nuestras emociones y nuestra intuición para dejar que Dios sople en nosotros y modele nuestro barro para ser personas nuevas. Esto es comenzar a separar los elementos.

Solo dejamos que Dios sople en nosotros cuando tenemos necesidad de Él, esto es la pobreza de espíritu.

Dice Annick de Souzenelle, en su libro "El Egipto Interior" que la normosis es el estado de esclavo que consideramos normal. Dios nos dice "Ve hacia ti mismo", ve hacia tu propia tierra, porque ahí está la tierra prometida. Esto es empezar el proceso de distinción para llegar a la Piedra Filosofal.

Analicemos la palabra Piedra que es Eben, en hebreo.

La Piedra designa la posibilidad de transformarnos en Hijos y estar en plena unidad con el Padre. Esto es construir el propio nombre, el YO SOY. Es volver

Estar en la normosis es estar prisionero de la lógica, de las apariencias, es creer que los sueños son solo sueños, es pensar que lo imposible es imposible. Pero la buena conciencia no es conciencia, la primera está atada a la moral y la segunda es el fruto de un trabajo de transformación, es producto de adquirir más vida o prana.

2º Régimen: Transforma el agua en aire. Aquí absorbemos el soplo divino, entramos en el movimiento, el barro se va secando y tomamos una nueva forma. La piedra que somos se modifica y nos atrevemos, osamos creer que en mi nosotros un oro que debemos desenterrar. Se abre un horizonte nuevo, hay claridad.

En el Génesis, Dios dijo: "que exista la Luz...", se comienza a percibir lo sutil en todo, se comienza a ver lo que es oscuro, nos movemos hacia lo inverosímil, vamos tras el sueño.

3º Régimen: transforma el aire en fuego. La luz es el fuego, el fuego calienta la piedra y genera el impulso y la voluntad necesaria para el movimiento, inicia la unión del entendimiento con la voluntad. Para encender la voluntad, es necesario salir del sueño del quietismo, de la resignación de la rutina, es poner en movimiento el esfuerzo de decir sí y no. Es necesario salir del peso de la somnolencia, movilizar la buena voluntad y esto solo se da por el Entendimiento y la Esperanza. Esto es lo que nos puede llevar a decir sí a la Luz y no a las tinieblas.

Toda transformación interna lleva a una transformación externa, que se manifiesta concretamente en la vida de quien la ha realizado. Sin embargo también sucede lo contrario. En su libro sobre Psicología y Alquimia, Jung dice que es posible que cuando el alquimista realiza el proceso de transformar el plomo en oro en el laboratorio, también lo realiza en sí mismo. Es que solo es capaz de " hacer" oro, aquel que "es" oro.

Lograr la Gran Reforma

Nadie que no se haya reformado en su interior puede pretender reformar con éxito ningún aspecto familiar, social, o mundial. En la medida en que las personas van cambiando sus procesos de pensamiento y sus actividades, produciendo un cambio positivo en su interior, observan que la vida también mejora para ellos.

Muchas personas padecen enfermedades terribles, producidas por sus pensamientos de odio y rencor.

Cuantos tratamientos se les proporcione fracasarán, ya que solamente podrán curarse cuando cambien sus pensamientos, transmutándolos positivamente. Cuando descubrimos nuestras limitaciones aparentes y nos damos cuenta que la vida es para nosotros como nosotros la queramos ver, al crear en nuestro interior las condiciones adecuadas, la vida cambia para nosotros, llegando entonces, con la reforma interior, la Paz Interna y el Exito externo.

Decimos muchas veces buscar la Paz Universal, declarando que la deseamos intensamente, pero si estamos desarmonizados en nuestro interior y en lucha con nosotros mismos, difícilmente llegará esta paz al mundo, ya que primero es necesario que germine en nuestro interior

Los Rosacruces han aprendido que por medio de un proceso Iniciático que ha sido probado válido durante muchos siglos, los seres humanos pueden conseguir transmutarse en su interior y, de esta forma, su vida se transmuta para ellos pudiendo ayudar a otros a lograr la verdadera Reforma Universal.

“Basileo Valentín, monje benedictino describió luego más claramente el alma del metal, que llamó Azufre o tintura; el cuerpo, entonces la Sal; y por último el espíritu, que llamó Mercurio …”

(J.B. Van Helmont: Ortus Medicinae, 1648)

La terminología hermética emplea palabras y expresiones que no tienen relación directa con sus equivalencias en el idioma profano. Es entonces indispensable definir lo que se entiende aquí en ciertas palabras esenciales, que son los nombres de los elementos constitutivos de la Materia

Primera, y de su evolución hacia el estado último: el Oro, símbolo de la perfección en el seno de la vida metálica.

A) Las Cuatro Cualidades Elementales

- El Frío, origen de la fijación, se manifiesta por la ausencia total o parcial de la vibración, cuyo efecto es de coagular o de cristalizar la Materia, destruyendo el principio de expansión que está dentro del Caliente (conservación). Su acción es entonces, astringente, fijadora, retardataria, cristalizadora.

- El Húmedo, origen de la feminidad, se traduce por una vibración de naturaleza atractiva, mutable, inestable, que flexibiliza, ablanda, relaja, humedece. Cuando penetra los átomos, divide los homogéneos y unifica los heterogéneos, provocando así la involución de la Materia, o su desagregación. Su acción es templadora, suavizante, emoliente, dispersadora.

- El Seco, origen de la reacción, se manifiesta por una vibración de naturaleza retenedora, exaltante, irritante, que contraría y retiene la impulsión dada. Su acción es retroactiva.

- El Caliente: origen de la masculinidad, se traduce por una vibración de naturaleza expansiva, dilatante, enrarecedora, que provoca la evolución de los átomos. Su acción es vitalizante, de cocimiento, estimulante dinámica.

En el Hombre, estas cuatro Cualidades dan como resultado:

- Frío: impasibilidad, escepticismo, egoísmo, deseo pasivo de sumisión.

- Húmedo: pasividad, variación, asimilación, deseo activo de sumisión.

- Seco: reacción, oposición, retención, deseo pasivo de dominación.

- Caliente: expansión, entusiasmo, acción, deseo activo de dominación.

B) Los Cuatro Elementos

- Tierra: La acción reactiva del Seco sobre el Frío lo divide, y así oponiéndose a su total fijación, lo transforma en elemento Tierra, principio condensador y receptor.

- Agua: La acción refrigerante, coaguladora, atónica y fijadora del Frío sobre el Húmedo le da espesor, lo apesanta y lo transforma en Agua, principio de circulación.

- Aire: La acción expansiva, dilatante y rarificativa del Caliente sobre el Húmedo, lo transforma en Aire, principio de la atracción molecular.

- Fuego: La acción reactiva, retenedora, exaltante e irritante del Seco sobre lo Caliente lo transforma en Fuego, principio de dinamización violento y activo.

En el Hombre, estos cuatro Elementos dan como resultado:

- Tierra: Inquietud, taciturnidad, reserva, prudencia, ternura contenida o egoísmo, espíritu concentrado o pretencioso, desconfiado, reflexivo, ingenioso, estudiosos, solitario.

- Agua: Pasividad, indolencia, asco, lasitud, sumisión, inconsistencia, versatilidad, pereza, inconsciencia, incertidumbre, timidez, miedo.

- Aire: Amabilidad, cortesía, obsequiosidad, destreza, sutileza, iniciativa, prontitud, asimilación, ingeniosidad, armonía.

- Fuego: violencia, autoridad, ambición, entusiasmo, presunción, orgullo, irascibilidad, ardor, fervor, valentía, generosidad, pasión, prodigalidad, fogosidad, vanidad.

C) Los Tres Principios de los Filósofos

Azufre Principio: El Caliente contenido en el Fuego y en el Aire, engendra un principio de naturaleza caliente, fecundante, fermentativa, que llamamos Azufre. Es el principio Macho de todo germen y de él nace el sabor, el color fundamental rojo. En el Hombre corresponde al Espíritu.

Mercurio Principio: El Húmedo, contenido en el Aire y en el Agua, engendra un principio de naturaleza vaporosa, sutil, mutativa, generadora, que llamamos el Mercurio. Es el principio Hembra de todo germen y de él nace el Olor, el color fundamental Azul. En el Hombre corresponde al Alma.

Sal Principio: El Seco, contenido en el Fuego y en la Tierra, engendra un principio de naturaleza seca cohesiva, coaguladora que llamamos la Sal. Es el principio de unificación del Macho con la Hembra, así como también el resultado de su unión. De él nacen entonces la forma y el peso, el color fundamental amarillo. En el hombre corresponde al Cuerpo.

Son estos tres principios constitutivos que son, en el vocabulario de la Alquimia tradicional, la Sustancia próxima de los seres y de las cosas.

D) Los Dos Metales de los Sabios

Plata de los Sabios: también llamada “Mercurio de los Sabios” (por oposición al Mercurio de los Filósofos que lo precede en el estado anterior, o al Mercurio de los Locos, que es el Mercurio vulgar), o también Plata Filosófica. Resulta de la absorción de cierta cantidad de Azufre Principio por una determinada cantidad de Mercurio Principio o, más fácilmente aún, por la absorción de una cierta cantidad proporcional de Oro vulgar por una determinada cantidad de Mercurio Principio.

Este Oro vulgar no debe haber tenido previamente, ni exaltación (sublimación o volatilización) ni transfusión. En una palabra, no debe haber sido refundido o aliado a sí-mismo, debe ser virgen. Oro de los Sabios: también llamado Azufre de los Sabios (por oposición al Azufre de los Filósofos que lo precede en el estado anterior, o al Azufre de los Locos, que es el Azufre vulgar) o también

Oro Filosófico. Resulta de la absorción de cierta cantidad de Sal Principio por una cantidad determinada de Azufre Principio o, más fácilmente aún, por la absorción de una cierta cantidad proporcional de Plata vulgar por una determinada cantidad de Azufre Principio. Esta Plata no debe haber tenido previamente, ni exaltación (sublimación o volatilización), ni transfusión. En una palabra, no debe haber sido refundida o aliada a sí-misma, debe ser virgen. Estas dos Operaciones resultan de una serie de cocciones sucesivas (multiplicación).

E) La Crisopeya o Piedra Filosofal

Crisopeya: es obtenida por la cocción lenta en el Huevo Filosófico (matraz), el mismo dentro de un baño de arena, en el seno del Atanor (horno) de la mezcla y de la co-destrucción del Oro de los Sabios y de la Plata de los Sabios.

La Alquimia Espirital

 

“Omnia ab uno, et in unum omnia …”
Uno está en todo y todo está dentro de uno.

Esta unidad magistral, Basileo Valentín, desde su abadía benedictina, ya la ponía en principio:

“Todas las cosas vienen de un mismo semen, y al origen todas han estado paridas por la misma Madre …”
(Basileo Valentín: “El Carro del Triunfo del Antimonio”)

Y en el plano espiritual, Jacob Boehme afirma igualmente:

“El Alma del Hombre, los Demonios, los Santos Ángeles, todos provienen de una sola Fuente … Y el Hombre contiene en él la parte del Mundo Exterior que el Demonio encierra igualmente en él, pero en unprincipio diferente …”

(Jacob Boehme: “De la Elección de la Gracia”)

Mucho antes que estos filósofos, la Gnosis tradicional transponía ya este dato, en su afirmación de la Doctrina de la Emanación, afirmando que las criaturas espirituales habían sido emanadas por unaFuente Única: Dios-Abismo y no creado ex –nihilo. Es decir que están proviniendo, según esta doctrina, por desprendimientos sucesivos de las causas segundas de la causa primera, de las causas terceras de las causas segundas, etc. del UNO-ORIGINAL, que es Dios. Consecuencia de esta doctrina, todo lo que es así de origen divino y se encuentra aquí abajo, degenerado y aminorado en sus posibilidades espirituales, prisionero de un Mundo grosero, todoeso puede pretender a ese origen de nuevo y esa obra de regeneración se llama la Reintegración. La Alquimia se separaba entonces en tres etapas de probación:

  1. La Obra, transmutadora de los metales imperfectos en oro puro.
  2. El Elixir de Larga-Vida, especie de medicina universal, capaz de curar casi todas las enfermedades o lisiaduras, y de asegurar una longevidad considerable, y hasta la inmortalidad. Probablemente, hay que tomar esta afirmación que en su sentido espiritual.
  3. La Reintegración Universal; es decir, la regeneración del Cosmos entero, de todas las criaturas espirituales, último fin de la verdadera

En efecto, Jacob Boehme nos dice esto en cuanto al último aspecto de la Gran Obra:

“No hay diferencias esenciales entre el Nacimiento Eterno, la Reintegración, y el descubrimiento de la Piedra Filosofal. Todo siendo procedente de la Unidad, todo debe volver a ella, de idéntica manera…”.
(Jacob Boehme: “De Signatura Rerum”)

En lo que concierne al misterioso Elixir de Larga-Vida, se puede encontrar un eco de él en estas palabras de Eckhartshausen:

“El re-nacimiento es triple: primero, el renacimiento de nuestra razón; segundo el de vuestro corazón y de nuestra voluntad; tercero nuestro renacimiento corporal.

Muchos hombres piadosos, y que buscaban Dios,
han sido regenerados en el espíritu y en la voluntad, pero pocos conocieron el renacimiento corporal …”
(D’Eckhartshausen: “La Nube sobre el Santuario”)

Sin embargo, conviene distinguir entre los Alquimistas y los sopladores.

Los primeros, filósofos en posesión de una doctrina milenaria (la gnosis) tenían teorías particulares que no les permitían apartarse más allá de ciertos límites en sus búsquedas. Su campo de experimentación era el mundo metálico. os segundos, al contrario, gente desprovista de conocimientos esotéricos y de ciencia, empíricos en primer lugar, hacían desfilar en sus retortas los productos los más heteróclitos de los tres reinos, sin dudar de trabajar sobre las sustancias las más extrañas, así como sobre los residuos naturales ás repugnantes. Los Alquimistas han conservado y demostrado el bien-fundado del Hermetismo y de la Alquimia. Los sopladores lo han ignorado pero han creado la Química.

La existencia de una Alquimia Espiritual, elemento de la Reintegración individual del Adepto, está probada incontestablemente por la lectura de los antiguos autores. ¡Sin duda, eran todos buenos cristianos! ¿Pero no era porque habían entendido que Conocimiento y Sabiduría debían ir a la par, y ue el Conocimiento sin la Sabiduría era peor que la Ignorancia sola?

Así, en su obra “La Palabra Dejada”, Bernardo el Trevisano nos dice:

Así es Trinidad en Unidad, y Unidad en Trinidad, porque aquí donde están Espíritu, Alma y Cuerpo, aquí también están Azufre, Mercurio y Sal”.

Albert Poisson concluye de ello que:

“La Gran Obra tiene por fin un triple objetivo: en el Mundo Material, la Transmutación de los Metales, para hacerlos llegar al Oro, a la perfección; en el Microcosmos, el perfeccionamiento del Hombre Moral; en el Mundo Divino, la contemplación de la Divinidad en Su Esplendor. Según la segunda aceptación, el Hombre es entonces el atanor filosófico donde se cumple la elaboración de las Virtudes, es, entonces, en este sentido, según los místicos, que hay que entender estas palabras:

“Porque la Obra está con Ustedes y en Ustedes, de manera tal que, encontrándola en ustedes mismos, donde está continuamente, la tienen también siempre en cualquier parte que estén, sobre la tierra o sobre el mar …

” (Hermes Trismegisto: “Los Siete Capítulos”) …”
(Albert Poisson: “Teorías y Símbolos de los Alquimistas”)

En conclusión:

A los cuatro Elementos naturales de los Antiguos: Agua (Hidrógeno), Aire (Nitrógeno) , Fuego (Oxígeno), Tierra (Carbono).

Corresponden las cuatro Cualidades: Húmedo Caliente Seco y Frío Y los cuatro Temperamentos: Sanguíneo, Bilioso, Nervioso y Linfático.

He aquí el plano correspondiente a la realización llamada del Alkaest. En el estado superior de estos cuatro modos de manifestación de la Vida dentro de la materia, los Alquimistas sacaban por copulación, los tres términos de este segundo plano, que llamaban el de la realización del Azot, es decir, los tres principios esenciales de arranque de la Obra, o sea:

Agua + Aire Aire + Fuego Fuego + Tierra

Mercurio Principio Azufre Principio Sal Principio Aquí la Obra podía esperar pasar del Negro al Blanco. Y, en efecto, por copulación del Mercurio Principio y del Azufre Principio, el Adepto obtenía la Plata Filosófica, o Mercurio de los Sabios, así como de la copulación del Azufre Principio y de la Sal Principio obtenía el Oro Filosófico o Azufre de los Sabios:

Mercurio Principio + Azufre Principio= Plata Filosófica (Mercurio de los Sabios)
Azufre Principio + Sal Principio= Oro Filosófico (Azufre de los Sabios)

Finalmente por copulación, del Mercurio de los Sabios y del Azufre de los Sabios, la Obra pasaba del Blanco al Rojo, el Adepto obtenía la Crisopeya, la Piedra Filosofal. La Ruta del Mercurio se llamaba igualmente el Palacio de la Reina porque llevaba a la Esposa Blanca (Mercurio) y la Ruta de la Sal era el Palacio del Rey, porque llevaba al Marido Rojo (Azufre).

Esta vía material y experimental se doblaba entonces de una vía espiritual, trascendental. A los cuatro Elementos de salida, correspondían entonces necesariamente las cuatro Virtudes Cardenales de la antigua escolástica, a saber:

  • El Fuego a la Fuerza
  • El Aire a la Justicia
  • El Agua a la Templanza
  • La Tierra a la Prudencia

A los tres Principios, proviniendo de estos cuatro Elementos, correspondían luego las tres Virtudes Teologales:

Azufre Principio la Fe

Mercurio Principio la Esperanza

Sal Principio la Caridad

A los dos Metales Filosóficos (Plata de los Sabios y Oro de los Sabios), nacidos de la copulación de tres Principios (Azufre, Mercurio y Sal) corresponden:

Azufre de los Sabios a la Sabiduría

Mercurio de los Sabios a la Inteligencia

Estas dos Virtudes Sublímales, si están silenciadas como tales, en la teología clásica, y vueltas al rango de dones del Espíritu Santo (los cuales serían infinitamente mejor llamados de otra manera), están declaradas en la Santa Escritura, con total preeminencia:

“Y Dios dijo a Salomón: ‘Porque no Me has pedido una larga vida, la riqueza, ni la muerte de tus enemigos, y me pediste la Inteligencia, y la Sabiduría para actuar con Justicia. Yo actuaré según tu palabra y te daré un corazón lleno de Sabiduría y de Inteligencia…”.

(Reyes, V, 11-12, Biblia católica, y I Reyes III, 10, 12, Biblia protestante)

“Porque será esto su Sabiduría, y su Inteligencia a los ojos de los pueblos…”. (Deuteronome: IV, 6)

“Para conocer la Sabiduría y su instrucción, para comprender las palabras de la Inteligencia …” (Proverbios: I, 2)

“El principio de la Sabiduría es el temor del Eterno, y la ciencia de los santos, es la Inteligencia …” (Proverbios: IX, 10)

“Es El que da la Sabiduría a los sabios, y la ciencia a los que poseen la Inteligencia …” (Daniel: II, 21)

Sabemos que, en el ternario superior del sistema sefirótico de la Kabala de los hebreos, Binâh (inteligencia), es el atributo de lo que corresponde a la visión, la intuición, la penetración, la información. Como tal, la Inteligencia es entonces también El Conocimiento (Gnosis), de las Cosas Divinas absolutas.

Tiene por complemento Hochmâh (Sabiduría), que expresa bastante bien la idea de elección del mejor entre todos los datos accesibles a la Inteligencia (Binâh). Ella presupone entonces ésta, opera en su seno nada más que por eliminación. Ella es la sumisión espontánea, inteligente, comprehensiva, a un bien que percibe como dominándola ella misma. Como tal, es una discriminación entre el Bien y el Mal, la ciencia de estos. Así, entonces, la Inteligencia es el máximo conocimiento, y la Sabiduría el uso que se hace de ella. Y, así como de la unión del Azufre y del Mercurio de los Sabios, nacerá en el momento dado, en el Huevo Filosófico (que los alquimistas llamaban también el Sublimatorio), la “Piedra al Rojo”, la “Crisopeya”, así nace en el Alma del Hombre, este atanor (u horno filosófico), del cual el Corazón es el Sublimatorio (o Huevo Filosófico) la Iluminación Total, factor decisivo de la Reintegración Y este último término de la Obra Interior tiene por nombre la Luz Divina.

Los Alquimistas tan reticentes sobre todo lo que concernía a la Gran Obra, tuvieron recaudos de ser claros sobre el fuego de ésta, como sobre los grados de calor necesarios al éxito de sus trabajos. El conocimiento de la conducción térmica de éstos, de la de los grados, estaba visto por ellos como una de las llaves más importantes de la Gran Obra.

Según Raymond Lulle:

“Muchos Alquimistas están en el error, porque no conocen la disposición del fuego, que es la llave de la Obra, porque disuelve y coagula al mismo tiempo; lo que no pueden entender, porque están cegados por su ignorancia …”

(Raymond Lulle: “Vade Mecum o Breviario del Arte Químico)

En efecto, la Materia, una vez preparada, la cocción sola podía cambiarla en piedra filosofal:

Los Alquimistas distinguían varias especies de fuego:

1) El fuego húmedo: Es el baño maría que procura una temperatura constante.

2) El fuego sobrenatural, o fuego artificial, que designaba ácidos. Esto viene de que los Alquimistas habían notado que los ácidos producen una elevación de temperatura en sus diversas reacciones, y también que tienen sobre los cuerpos el mismo efecto que el fuego. Los desorganizan y destruyen rápidamente sus aspectos primitivos.

3) El fuego natural, o fuego ordinario, obtenido por una combustión.

En general, los Alquimistas no empleaban ni carbón, ni madera, para calentar el Huevo Filosófico. Hubiera necesitado un cuidado continuo, y además hubiera sido casi imposible el mantener una temperatura constante.

Así, Marco Antonio se enoja contra los sopladores ignorantes que emplean el carbono:

“¿Para qué esas llamas violentas, si los sabios no usan carbones ardientes, ni maderas encendidas, para hacer la Obra Hermética?”

(Marco Antonio: “La Luz saliendo por sí misma de las Tinieblas”)

Los Filósofos herméticos empleaban entonces una lámpara a aceite, con mecha de asbesto, cuyo mantenimiento es fácil y que da un calor casi uniforme. Es aquí el fuego que velaron tanto, y del cual algunos solamente hablaron abiertamente, dice Albert Poisson.

En el plano de la Alquimia Espiritual, el Fuego es constituido por la Plegaria… “Or y labor…”, reza y trabaja, nos dicen los antiguos Maestros.

Fuente:
Notas sobre Alquimia Espiritual: Miriam Colecchio
LA ALQUIMIA ESPIRITUAL: LA VIA INTERIOR, R. AMBELAIN
La alquimia rosacruz como transmutación interior en la Orden Rosacruz